MURCIA.- Un bisnieto del legendario almirante gaditano Pascual Cervera Topete, héroe de Santiago de Cuba, el profesor Ángel Luis Cervera Fantoni (1955),
disertará en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia (España) sobre su figura profesional, política e histórica
el próximo 15 de mayo en un acto abierto al público y con coloquio, en
el ámbito universitario, para centrar su figura y recuperar su memoria.
Ángel Luis Cervera Fantoni, autor del libro El desastre del 98 y el fin del imperio español, es economista, historiador y sociólogo por lo que ha sido invitado por una plataforma cultural murciana recién surgida, Capuchinos 53, para este tipo de recuperaciones.
Cervera
Fantoni es doctor en Historia (con una tesis sobre el pensamiento de su
antepasado donde estudia su figura al detalle) y en Economía y lleva
un cuarto de siglo investigando el Desastre del 98 con varios viajes a Cuba, incluidas audiencias con la familia Castro.
"¿Quién era el almirante Cervera? Pues un liberal que participó en La Gloriosa,
la revolución liberal de 1868 contra Isabel II", ha explicado Cervera
Fantoni. "Lo que pedimos sólo es un poco de rigor historiográfico",
exige quien guarda en su casa-museo de Madrid más de 2.000 documentos del archivo
personal de su bisabuelo relacionados con la vida del héroe.
Ministro
de la Marina con el gobierno progresista de Mateo Práxedes Sagasta, la
vida militar del histórico marino se desarrolló en Marruecos (1853 y
1859); en la expedición a la Conchinchina y las
Islas Filipinas (1862-65); en la guerra contra el Perú (1866); en el
bloqueo de los puertos cubanos, al comienzo de la insurrección (1868);
en el levantamiento cantonal de Cartagena (1873); en la guerra carlista
(1874); y en Filipinas nuevamente (1874-76).
La
relación histórica de Cervera Topete con la base naval de Cartagena
tiene que ver conque en 1880 fue designado comandante militar de Marina
de esta ciudad de la Región de Murcia. Y sustancialmente con su
participación anterior, durante la I República, al lado de las fuerzas
gubernamentales para sofocar en julio de 1873 la insurrección del
Cantón, aunque sin pegar un solo tiro, siendo todavía capitán de Fragata
aunque en funciones de secretario del vicealmirante Lobo al frente de
la Flota enviada al efecto.
Pese a ser propuesto para
la Laureada de San Fernando en una ocasión, consiguió, sin embargo,
otras condecoraciones como la Cruz del Mérito naval con distintivo rojo,
Cruz del Mérito naval con distintivo blanco, Gran cruz del Mérito
naval,
Placa de la Orden de San Hermenegildo, Cruz de la Marina de la Diadema Real
, Comendador de la Orden de Isabel la Católica, Campaña de Joló, Campaña de Cuba, Campaña de La Carraca, Campaña de África, Benemérito de la Patria y
Caballero de la Legión de Honor, en Francia
El
conferenciante y bisnieto desgranará en Murcia, además, su experiencia
personal de haber descendido a más de 25 metros de profundidad en el
Atlántico cubano en 2012 para poder tocar con sus propias manos en el
fondo del mar los pecios de la Escuadra española mandada por su
bisabuelo y hundida por los acorazados de Estados Unidos en julio de
1898 en aguas de Santiago de Cuba.
Desde 1898 hasta
ahora, 56 descendientes del famoso almirante han servido en la Armada
española. Los Cervera son una de las familias más numerosas de España,
con más de
1.700 miembros repartidos por todo el mundo. Entre todos los que llevan
ese apellido hay doce
almirantes, el primero de ellos ascendido en 1854.
Síntesis biográfica de Cervera Topete
Cuando cumplió veintiún años recibió el despacho de Alférez de Navío. Fue enviado posteriormente a
Filipinas, bajo las órdenes de
Casto Méndez Núñez.
Luchó contra los rebeldes malayos y en los asaltos a los fuertes de la
Cotta y de Pagalugan, donde fue ascendido a teniente de navío en
atención por méritos de guerra.
Continuó en Filipinas realizando
trabajos de hidrografía y levantando cartas de los centenares de islas
del archipiélago, regresando a la Península en 1865.
Entre 1865 y 1868, se le encargó la formación de guardiamarínas a bordo del navío de línea
Francisco de Asís.
Asciende a Capitán de fragata y toma parte en la guerra carlista y en la defensa del
Arsenal de La Carraca durante la proclamación del
Cantón de Cádiz. Tras la Revolución Cantonal, fue enviado de nuevo a
Filipinas, al mando de la corbeta de hélice
Santa Lucía, donde tuvo que intervenir en acciones de guerra, especialmente en
Mindanao.
En 1876 fue nombrado Gobernador del archipiélago de Joló. De vuelta a
la Península, y tras ocupar diversos cargos en el Ministerio de Marina,
recibió el mando del buque escuela de guardiamarinas, la corbeta
Ferrolana, a mediados de 1879. A finales de 1880 fue designado comandante militar de Marina de
Cartagena.
Entre el 14 de diciembre de 1892 y el 23 de marzo de 1893 ejerció como
ministro de Marina. Durante la legislatura 1893-1894, fue elegido senador por
Cádiz y durante la legislatura 1898-1899 por
Albacete.
En agosto de 1893 es nombrado Jefe de la Comisión de Marina de España
en Londres, tomando parte en la Conferencia Naval Europea, realizando
labores de interlocución con empresas constructoras navales y con diferentes ministerios en lo que afectaba a los asuntos
marítimos, principalmente en la guerra chino-japonesa y la influencia
de los Estados Unidos en las colonias de Filipinas y las Antillas.
De nuevo Cervera Topete es nombrado para un puesto en La Carraca, en
este caso de Comandante General del Arsenal como Contralmirante en mayo
de 1896 a las órdenes de José de Carranza, Capitán General del
Departamento Marítimo de Cádiz.
Contaba con una larga experiencia en cargos militares navales y, al estallar la
Guerra hispano-estadounidense en
1898,
logró burlar el bloqueo al que estaban sometidas las Antillas españolas
por tres poderosas formaciones navales norteamericanas.
Cervera y sus superiores mantenían
posturas enfrentadas sobre la forma en que se debía actuar. Cervera
acató siempre las órdenes recibidas, pero lo hizo a regañadientes, en el
último momento y mostrando su disconformidad.
La decisión de Cervera de
salir de Santiago a pleno día y pegado a la costa solo se explica desde
el punto de vista humanitario, para tratar de minimizar el número de
víctimas en la batalla, lo cual confirma que Cervera daba por perdida la
batalla antes de iniciarla.
Esta forma de pensar coincide con su decisión inicial de evitar
enfrentarse a la escuadra estadounidense y esperar resguardado en el
puerto, lo que resultó indudablemente erróneo y contraproducente, pues
de todos modos tuvo que acabar enfrentándose a la flota estadounidense,
pero en una situación infinitamente más desventajosa que en una batalla
en mar abierto, pues sus buques tuvieron que salir del puerto y
presentar batalla de uno en uno.
El puerto de Santiago era aparentemente
un buen refugio, pues ofrecía protección a la flota frente a un ataque
de fuerzas navales pero, por esas mismas características, resultó una
ratonera para la flota española al salir de puerto a presentar batalla.
Aunque hay que reconocer que las fuerzas navales españolas eran
notablemente inferiores a las estadounidenses, Cervera fue incapaz de
idear una estrategia militar coherente y estructurada.
El Capitán de
Navío
Fernando Villaamil
había propuesto realizar acciones ofensivas para hacer replegarse al
enemigo y conseguir un mayor equilibrio de fuerzas, y el también Capitán
de Navío
Joaquín Bustamante
había propuesto una salida nocturna escalonada. Ninguna de las dos
propuestas fue atendida por Cervera, que optó por la inacción.
Además,
Cervera pudo haber tomado otras decisiones erróneas: la distancia entre
unos barcos y otros al salir fue excesiva, y resulta bastante discutible
que el orden que eligió de salida de los barcos fuera adecuado.
Tras la guerra de Cuba, Cervera tuvo que soportar la incoación de un
procedimiento contra él, debiendo solicitarse un suplicatorio por su
condición de senador, y sus oficiales supervivientes. Lo cual dio como resultado el sobreseimiento de la causa.
En
la legislatura 1903-1904, fue designado senador vitalicio. Falleció el
3 de abril de 1909, después de ocupar varios cargos importantes, y sus
restos descansan en el
Panteón de Marinos Ilustres, de
San Fernando, donde fue inhumado el 19 de junio de 1916.