martes, 1 de enero de 2019

En Santiago de Cuba los 60 años de Revolución se celebran con asados y fiesta

SANTIAGO DE CUBA.- Santiago de Cuba, la "cuna de la Revolución", festeja hoy los sesenta años del triunfo de la insurrección de los rebeldes de Fidel Castro entre el olor del cerdo asado y la música de las celebraciones por el Año Nuevo, dos acontecimientos que se solapan en la capital caribeña de la isla.

En el parque Céspedes, escenario principal de los festejos y el mismo donde Castro recibió el año 1959 con una arenga de victoria, cientos de santiagueros dieron vivas mientras se izaba una bandera cubana gigante, tradición de más de 115 años que demuestra la larga historia de rebeldía de la "Ciudad Héroe".
La costumbre, que data del siglo XIX, cuando los mambises (guerrilleros independentistas) luchaban en la cercana Sierra Maestra contra España, se ha fundido con la simbología revolucionaria a través las décadas.
"No lo podemos separar. En Santiago se baila por el Año Nuevo y por la Revolución, que es una sola, desde las guerras de independencia hasta ahora", aseguró a Belkis, una santiaguera que todos los años acude con su familia a ver la ceremonia en la plaza "en lugar de quedarse en la casa".
Para esta maestra, la celebración "tiene más sentido si se comparte con los demás, sobre todo esta fecha, para la que nos hemos venido preparando por meses", dijo mientras admiraba los fuegos artificiales que alumbraron el cielo santiaguero durante casi media hora.
En las calles de acceso al parque Céspedes los puestos de frutas, bebidas y el tradicional pan con lechón se mantuvieron abiertos hasta bien entrada la madrugada, en la que se quemaron cientos de muñecos de tela como símbolo del Año Viejo.
"Es costumbre quemar el muñeco para acabar con todo lo malo y atraer la buena suerte que tanto nos hace falta", explicó Surelys, quien dio a su monigote rasgos femeninos y le prendió fuego entre vítores de sus vecinos.
Para Santiago, la ciudad donde Fidel Castro (1926-2016) comenzó su insurrección con el asalto al cuartel Moncada en 1953 y luego entró triunfante seis años después, la celebración de cada año de la Revolución no es algo que se tome a la ligera.
Desde hace meses un gran cartel con la imagen del fallecido líder revolucionario descuenta los días que faltan para la fecha, en medio de un ambiente de expectación.
En Santiago, la abundancia y diversidad de productos en las calles contrasta con ciudades como La Habana, donde continúa la escasez de pan y las ventas especiales para la fecha son más modestas.
"Los santiagueros están contentos; todo el mundo esta contento en la calle. En los últimos días ha habido ferias donde se han vendido muchos de los productos que necesitamos para las fiestas, sobre todo carne", contó Mirta, una vendedora que ha trabajado extra durante los festivos.
Sin embargo, a pesar del entusiasmo, muchos santiagueros tienen "los pies en la tierra", porque después de aclararse el humo de los fuegos artificiales "la vida vuelve a la normalidad y se nota que hay que trabajar mucho para prosperar", insistió Daniel, un maestro jubilado que nació "con la Revolución".
"Hemos llegado a estos sesenta años con mucho trabajo, con bastante trabajo, pero bueno, hay mucho optimismo en la población ahora con el nuevo presidente (Miguel Díaz-Canel), con lo que se va a hacer en la economía, a ver si mejora. Él pide trabajar y trabajar", señaló por su parte Raúl.
Más tajante, Yoendris, de 27 años, asegura que siente a Cuba "paralizada si la comparo con otros países. No se ha avanzado en nada, pero asímismo las personas son felices y tratan de dar lo mejor de ellos para continuar".

Cuba, la isla que cambió de mundo


MADRID.- Disfrazado de lechero, Manuel Urrutia se dirigió en la noche del 17 de julio de 1959 hacia la embajada de Venezuela en La Habana, donde solicitaría asilo. Hacía apenas unas horas que había renunciado a su cargo como presidente de la República de Cuba. Cuenta el hecho el diario digital madrileño El Independiente.

Sus constantes roces con Fidel Castro habían motivado la noche anterior la renuncia de éste como primer ministro, pero las multitudinarias protestas y manifestaciones que se produjeron por todo el país mostraron claramente a Urrutia que era él el que había salido perdedor de aquel enfrentamiento.
Apenas había pasado medio año desde que, tras la huida de Fulgencio Batista, en la madrugada del 31 de diciembre de 1958 al 1 de enero de 1959, los líderes de la triunfante revolución -que es lo mismo que decir Fidel Castro- habían decidido el nombramiento Urrutia para la jefatura mayor del nuevo gobierno.
Este juez de carrera había ganado su prestigio entre los opositores a la dictadura batistiana con su defensa de que la ilegalidad de este régimen legitimaba los actos de insurrección. 
Con un perfil liberal, su nombramiento, junto al del abogado José Miró Cardona como primer ministro, había sido recibido con alivio en Estados Unidos, donde se observaban con cierto recelo los acontecimientos en la vecina isla caribeña.
 “Este gobierno parece mucho mejor que cualquier cosa que se hubieran atrevido a esperar”, transmitían en aquellos días los hombres de negocios estadounidenses con intereses en Cuba a los representantes de su gobierno.
Sin embargo, las fracturas entre las cabezas visibles del nuevo régimen no se hicieron esperar y en la primera mitad del año fueron varios los que plasmaron su ruptura abandonando incluso la isla para pasar al exilio. 
Miró Cardona había salido del Gobierno ya en febrero, dando la ocasión a Castro para tomar el mando del poder ejecutivo, y ahora en julio era Urrutia el que se veía forzado a renunciar, acusado por Castro de corrupción y deslealtad, tras haber denunciado lo que el héroe de la Sierra Maestra calificó de “leyenda comunista”.
Lo cierto es que desde esos primeros meses de la revolución eran constantes las voces que alertaban de la creciente infiltración comunista en el nuevo régimen cubano y rotundas las respuestas de Castro negando tal extremo. 
Sin ir más lejos, en abril de 1959, durante una gira por Estados Unidos, reiteraba ante la prensa que “he dicho de forma clara y definitiva que no somos comunistas”, reconociendo que “el progreso sería totalmente imposible para nosotros si no nos entendemos con Estados Unidos”.
En un escenario mundial marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética que obligaba al resto de países a posicionarse de un lado u otro en aquella batalla denominada Guerra Fría, ser visto como aliado del comunismo podía resultar fatal para quien aspiraba a gobernar una isla tan estrechamente vinculada a su poderoso vecino del norte.
Aquel epíteto, el de comunista, perseguía a Castro desde sus tiempos de conspirador contra el régimen de Batista, pero él siempre se había rebelado contra aquella acusación. Lo cierto es que, pese a las veleidades marxistas de algunos de sus más cercanos colaboradores (su hermano Raúl Castro o el guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara), la relación de aquel joven abogado de raíces gallegas con los comunistas cubanos había sido muy conflictiva.
No en vano, éstos, que habían sido durante años, curiosamente, uno de los principales aliados de Batista, fueron muy explícitos a la hora de denunciar las intentonas golpistas de Castro. Detenido durante su exilio en México, a mediados de los años 50, y acusado de promover un movimiento comunista, Castro subrayaría el “absurdo” de la denuncia. 
“¿Qué derecho tiene Batista a hablar de comunismo cuando él ha sido el candidato presidencial del Partido Comunista en las elecciones de 1940, apareciendo bajo la hoz y el martillo en sus carteles de propaganda electoral y teniendo a media docena de ministros y colaboradores miembros del Partido Comunista?”.

Simpatías en EEUU

Aquellas negativas hicieron cierto efecto en la Administración estadounidense, donde la lucha de los hombres de Castro contra Batista en la segunda mitad de la década empezó a cosechar ciertas simpatías -e incluso alguna ayuda material- al tiempo que decrecía la convicción con la que el Gobierno de Dwight Eisenhower respaldaba al que había sido el hombre fuerte de la política cubana durante casi un cuarto de siglo. 
“Castro también había sido afortunado, o quizás muy hábil, al conseguir que la política de Estados Unidos hacia sus guerrilleros permaneciera dividida e insegura”, corrobora Richard Gott en Cuba. Una nueva historia (Akal, 2007).
Al fin y al cabo, para Estados Unidos, el Movimiento 26 de Julio que comandaba Castro era tan solo uno entre una amalgama de grupos diversos que, de manera más o menos coaligada, luchaban contra un régimen batistiano socavado por la crisis económica, la corrupción y la brutalidad represiva. La influencia de la burguesía parecía asegurada y, en el peor de los casos, parecía improbable que un régimen radical de izquierdas pudiera asentarse de forma estable en la isla.
Sin embargo, los líderes políticos estadounidenses no tardarían en darse cuenta de que el líder de “los barbudos” de la Sierra Maestra estaba muy por encima del resto de los opositores y su carisma lo capacitaba para sacar adelante su programa sin atender a reticencias. El baño de masas que se dio en su peregrinación desde Santiago a La Habana en los primeros días de enero de 1959 fue la prueba más evidente de su conexión con el pueblo cubano.
Recibido en la capital de la isla por una multitud entusiasta que lo esperaba cual redentor, Castro exhibió ante el público una retórica seductora que no hacía sino aumentar la confianza del pueblo en su nuevo líder. “Mientras observaba a Castro cobré conciencia de la magia de su personalidad”, describiría Ruby Hart Phillips, corresponsal de New York Times, quien subrayaba que mientras hablaba “se apoderaba de sus oyentes de una manera casi hipnótica y los obligaba a creer en sus ideas sobre la misión del gobierno y el destino de Cuba”.
Ese destino pasaba por conseguir, al fin, la independencia real de la isla. Había pasado ya más de medio siglo desde que Cuba logró zafarse del dominio de España. Pero el apoyo que en aquel conflicto recibieran de Estados Unidos se convertiría de forma automática en una nueva forma de dominio.
Como observa el historiador Leslie Bethell en su magna Historia de América Latina, la influencia continua de su vecino del norte convertiría la independencia de la isla caribeña en una “simple fórmula” y “antes de que transcurriera un decenio desde la guerra de la independencia, Estados Unidos ya era omnipresente en Cuba, dominaba totalmente la economía, penetraba por completo en el tejido social y ejercía el control pleno del proceso político”.
La creciente dependencia económica -basada, principalmente, en la exportación de azúcar y la importación de todo tipo de productos- y la incesante inestabilidad política hicieron casi indispensable la continua intervención estadounidense en los asuntos cubanos, hasta el punto de alimentar la sensación entre los propios habitantes de la isla de que ellos mismos eran incapaces de autogobernarse.
Durante buena parte del siglo XX, mientras el negocio del azúcar ofreció réditos suficientes, aquella sumisión, aunque controvertida, no encontró excesiva contestación. Pero a finales de la década de los 50 la crisis económica exacerbaba las dificultades de buena parte de la población, en un país que, pese a mostrar unos datos macroeconómicos aceptables, se veía afectado por una profunda desigualdad.
Todo esto estaba presente en el primer discurso de Fidel Castro tras el triunfo de la revolución, cuando señaló que “esta vez no será como en 1898, cuando llegaron los norteamericanos y se adueñaron de nuestro país. Esta vez, afortunadamente, la revolución llegará realmente al poder”.
Esa retórica no implicaba necesariamente una ruptura con Estados Unidos. De hecho, esa misma noche cenó con el cónsul estadounidense en Santiago. Pero las buenas voluntades comenzaron a torcerse con la reforma agraria que, siguiendo lo prometido en sus mensajes casi desde el inicio de su lucha, planteó en las primeras semanas de gobierno.
En su biografía sobre Fidel Castro, Volker Skierka defiende que la intención de Castro pasaba por dilatar aquella medida, para evitar el enfrentamiento con Estados Unidos, pero que las ocupaciones de tierras por parte de campesinos alentados por su hermano Raúl o el Che Guevara acabaron precipitando el proyecto.

Giro hacia el marxismo

Aun con todo, existe cierto consenso en considerar que aquella reforma resultó relativamente moderada, “pero los poderosos terratenientes cubanos y de toda Latinoamérica la veían como el borde del abismo. Causó una preocupación particular en Estados Unidos, ya que una cláusula afirmaba claramente que en el futuro la tierra cubana solo podía ser propiedad de cubanos, perjudicando así a los terratenientes extranjeros, de los que la mayoría eran estadounidenses. Había una promesa de compensación, pero a ojos de mucha gente la ley daba crédito a la idea de que Castro era comunista y comenzó a ser calificado como tal tanto fuera como dentro de Cuba”, explica Gott.
Aunque aún hubo varios intentos de entendimiento, aquel primer desencuentro supuso un punto de no retorno en las relaciones entre la Cuba castrista y el gobierno estadounidense, que pronto consideraría la necesidad de derrocar a los guerrilleros de la Sierra Maestra. Ya en octubre de 1959, Eissenhower se mostraba desengañado al afirmar que “aquí hay un país del que se podría creer, sobre la base de nuestra historia, que sería uno de nuestros amigos reales”.
Por entonces, la hostilidad estadounidense respondía más a la defensa de sus intereses económicos que a la percepción de una amenaza seria comunista en su vecino insular. Lo cierto es que, hasta entonces, el dominio de Estados Unidos sobre Latinoamérica se había dado por sentado y su rival soviético apenas había mostrado interés en la revolución cubana durante su primer año.
Sin embargo, con Estados Unidos cada vez más dispuesto a sabotear la economía cubana para forzar la voluntad de Castro, éste empezó a vislumbrar las posibilidades que le abría un acercamiento al régimen soviético, entonces encabezado por Nikita Jruschov. 
A cada medida de oposición por parte estadounidense, el gobierno castrista respondía con confiscaciones de activos y nacionalizaciones de empresas estadounidenses. Desde petroleras e ingenios azucareros, hasta distribuidoras de lámparas o cines, una tras otras las compañías de capital yanqui fueron cayendo bajo el control del estado cubano.
La decisión adoptada entonces por el Gobierno de Washington, que decretó la reducción de sus compras de azúcar, fue la que facilitó a la URSS y otros regímenes comunistas como el de China ofrecerse como salvavidas de Cuba con una serie de convenios para la adquisición de azúcar, la concesión de préstamos o el envío de distintos materiales.
Fue el año 1960 el que marcó “el punto de arranque de la radicalización comunista” del régimen castrista, según señala el historiador Rafael Rojas en su Historia mínima de la Revolución cubana (Turner, 2015)
El abandono de la delegación cubana de la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) o, más simbólicamente, el abrazo entre Castro y Jruschov en Nueva York, durante una reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas, supusieron la constatación de que “los líderes revolucionarios parecen decididos a quemar las naves y a acelerar la transición socialista”.
La creciente estatalización de la economía nacional, la represión de quienes denunciaban la deriva comunista del régimen -incluidos personajes fundamentales en la revolución como Huber Matos-, el cierre de los medios opositores o el abandono de promesas revolucionarias como la convocatoria de elecciones -“¿elecciones para qué?”, llegaría a preguntarse Castro- eran también evidencias de que el nuevo régimen cubano se encaminaba por unos derroteros muy distintos a los que cabría esperar de una democracia liberal.
El 2 de septiembre, frente a una multitud entregada, Castro lanzó la que pasaría a la historia como la Primera Declaración de La Habana, en la que denunciaría “la intervención abierta y criminal que durante más de un siglo ha ejercido el imperialismo norteamericano sobre todos los pueblos de la América Latina” y advertiría de que “la ayuda espontáneamente ofrecida por la Unión Soviética en caso de que nuestro país fuera atacado por fuerzas militares imperialistas no podrá ser considerado jamás un acto de intromisión, sino que constituye un evidente acto de solidaridad”.
Para entonces, Jruschov ya había dado por muerta la Doctrina Monroe, que consideraba una agresión cualquier intervención europea en el continente americano. Pero para el Gobierno estadounidense todo aquello sonaba a poco más que fanfarronadas que estaba dispuesto a cortar de raíz, con la deposición de Castro. Otros gobernantes, como el guatemalteco Jacobo Árbenz, podían dar fe de la capacidad de la Administración de Estados Unidos para hacer caer un gobierno que no se ajustara a sus deseos.
Así, en abril de 1961, ya con John Fitzgerald Kennedy en la Casa Blanca, los servicios de inteligencia estadounidenses lanzaron, apoyados en exiliados cubanos, una operación militar destinada a despertar una insurrección en la isla que pusiera fin al movimiento revolucionario. Sin embargo, la invasión de Bahía de Cochinos representó un rotundo fracaso de la oposición a Castro, que pudo aplastarla en pocos días.
Aquel operativo supuso “uno de los peores errores estratégicos de Estados Unidos en todo el siglo XX: reforzó el control de Castro sobre Cuba, aseguró la pervivencia de su revolución y contribuyó a empujarlo al campo soviético”, sostiene Richard Gott.
Pocos días antes, en una ceremonia fúnebre por las víctimas ocasionadas por una de las ofensivas contrarrevolucionarias, Castro había al fin proclamado el carácter “socialista” de su revolución y antes de que terminara el año se confesaría como un “marxista-leninista” desde siempre.
A Estados Unidos su cercano vecino y aliado se le había transformado en un enemigo acérrimo. No tardaría en comprobar los riesgos que eso conllevaba. La Cuba de Castro había roto los lazos con su pasado e incluso con su sino geográfico y había emprendido un viaje hacia otro mundo.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Más rentables que el turismo: las misiones médicas que impulsan la economía de Cuba

MADRID.- La economía de Cuba es un fenómeno singular que a menudo desconcierta a los observadores casuales. Lo que la impulsa no es la exportación de bienes, que ocupa un lugar absolutamente secundario (entre 2015 y 2016 cayó un 40%, y en 2017 superó por poco los 1.300 millones de euros). Tampoco el turismo, como muchos creen, ni las remesas enviadas por los emigrantes, de las que más del 40% de la población se beneficia de manera directa. La “joya de la corona”, lo que verdaderamente permite llenar las arcas de La Habana, es la exportación de servicios profesionales. Médicos y personal sanitario, sobre todo, pero también ingenieros y otros especialistas, según publica hoy www.elconfidencial.com.

Esta práctica se generalizó con la llegada al poder de Hugo Chávez en Venezuela y los altos precios del petróleo, que favorecieron una reconversión radical de la economía nacional, que se ha profundizado con el paso de los años. Un analista autorizado, el exministro de Economía José Luis Rodríguez, lo resaltaba a mediados de 2017 en un artículo para el sitio digital oficialista Cubadebate: entre 2011 y 2015 los profesionales contratados en el exterior aportaron un promedio anual de 11.543 millones de dólares. De esa cantidad, al menos un 80% fue tributada por los especialistas de la salud.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de finales de 2016 (los últimos disponibles), en aquel momento la isla tenía presencia en 62 naciones (en 27 de ellas, de forma gratuita), a través de 50.000 trabajadores sanitarios, la mitad de los cuales eran médicos. 
Con algunos ajustes, la cifra se ha mantenido estable hasta finales de este año, a pesar de la crisis institucional venezolana (que en los últimos dos años ha supuesto un 40% de reducción en las entregas de petróleo, la materia con la que Caracas paga sus servicios, un acuerdo que beneficia enormemente a Cuba) y la destitución de la presidenta Dilma Roussef en Brasil. La apertura o ampliación de los “programas de colaboración” con estados de Oriente Medio y África (en particular, Arabia Saudí, Qatar, Argelia y Sudáfrica) han permitido compensar en parte las dificultades.
No es un escenario nuevo para la isla, recuerda una investigación del profesor Víctor Soulary Carracedo, adscrito a la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. “El comercio exterior de Cuba ha estado signado, desde los albores de su inserción en la división internacional del trabajo, por la especialización a ultranza en la exportación de escasos rubros”. 
A su juicio, los peligros de la monoexportación son los mismos, sin importar si se trata de bienes o de servicios. “Vender profesionales para comprar alimentos no constituye una estrategia feliz, sobre todo si se comprende que la concentración en un mercado como Venezuela es un fenómeno político y coyuntural al estilo del diferencial azucarero colonial o los acuerdos mullidos del CAME [el espacio de colaboración económica de la era soviética]”.
La escena suele repetirse en consultas de cualquier lugar de la isla. Las circunstancias pueden variar atendiendo a las posibilidades económicas de cada paciente, mas casi inevitablemente, en algún momento de su tratamiento todos habrán de tener “un ‘detalle’ con el médico”. 
 “Si no, ni intentes resolver”, asegura Irma, una residente en la central provincia de Ciego de Ávila que desde hace meses se atiende en un hospital de La Habana. Su remisión y posterior estadía en ese centro asistencial han estado jalonadas de regalos. “Cada vez que venimos, mi esposo y yo traemos camarones, conservas, botellas de ron… Y no solo para mi doctor. No es bueno despreciar a nadie, porque lo mismo se puede terminar necesitando a una enfermera que a un técnico de laboratorio”.
Aunque las normas del Ministerio de Salud Pública lo prohíben, tales sobornos son práctica generalizada. Muchos especialistas suelen vanagloriarse cuando el regalo resulta particularmente valioso o aclarar, antes de iniciar las consultas, que ‘sus casos’ tienen prioridad”. Rara vez los pacientes intentan quejarse. 
“En definitiva”, contó uno de ellos a El Confidencial, “no sirven de nada las denuncias. Con tantos médicos y estomatólogos de misión, el Estado no puede darse el lujo de despedir a ninguno de los que siguen en Cuba. Son imprescindibles y lo saben”.
Las misiones médicas en el extranjero han tenido como consecuencia paralela el deterioro de las condiciones sanitarias en la propia Cuba debido a la ausencia de algunos de sus mejores profesionales, motivados a salir por las ventajosas condiciones que les ofrecen estos programas. 
Esto ha puesto en tensión el sistema de salud local, que ya sufría a causa de recortes presupuestarios. En el último lustro se han reducido los consultorios del Médico de la Familia (de 34.000 a 13.000) y se ha hecho habitual el desabastecimiento de las farmacias y el cierre de servicios en municipios y comunidades por falta de especialistas. Algunos humoristas locales bromean en sus monólogos con que si uno necesita un médico cubano, solo tiene que ir a buscarlo a Venezuela...
Pero al Gobierno cubano no le queda más remedio que seguir apostando por esta práctica, presionado por el deterioro de los restantes sectores económicos. En 1989 -cuando el modelo de economía planificada copiado del campo socialista europeo se encontraba en su máxima expresión-, Cuba produjo 8.1 millones de toneladas de azúcar, la exportación de níquel superaba las 60.000 toneladas anuales, y cultivos como los cítricos y el tabaco alcanzaban récords históricos. 
Pero casi treinta años más tarde las autoridades de La Habana se empeñan en organizar una zafra (recogida de caña) que al menos alcance los dos millones de toneladas de azúcar, el níquel ronda sus mínimos históricos con reservas que se agotarán dentro de dos décadas y los cítricos no pasan de un recuerdo en la memoria colectiva. 
Problemas como el acentuado deterioro de las industrias o la falta de mano de obra e inversiones en la agricultura hacen improbable su recuperación sin grandes inversiones. Solo la industria tabacalera, impulsada por la demanda del turismo, muestra un crecimiento que apunta a convertirla en la principal actividad productiva de la isla.
A mediados de noviembre, el Ministerio de Salud cubano anunció la “decisión de no continuar participando en el programa ‘Mais Medicos’ en Brasil”. Ese proyecto, implementado por la presidenta Roussef en agosto de 2013, creó plazas para alrededor de 18 mil galenos que atenderían comunidades desfavorecidas del país. Brasileños y profesionales de otras nacionalidades integraron su nómina, pero el grupo más importante estaba conformado hasta ahora por cerca de 8.400 cubanos. 
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, todos prestaban servicios “en lugares que los doctores brasileños no aceptaron”.
La relevancia del aporte isleño para “Mais Medicos” determinó que incluso el gobierno de Michel Temer defendiera su permanencia. Pero desde hacía meses el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro había anticipado que las condiciones serían modificadas. 
En esencia, sus propuestas eran tres: que todos los profesionales cubanos revalidasen sus títulos ante el Colegio Médico brasileño, que firmasen contratos individuales y cobren directamente todo su salario, y que pudiesen llevar a sus familias a residir con ellos.
Tales exigencias han sido consideradas inaceptables por La Habana, porque ponían en entredicho una de las prácticas más polémicas del gobierno cubano: los sistemas de contratación con los que regula el trabajo de sus especialistas en el exterior. 
Como norma, estos reciben entre una quinta parte y la mitad de los pagos realizados por la entidad que los emplea. El resto del dinero queda en manos del Estado, que asegura destinarlo fundamentalmente a gastos sociales, en especial a la salud, la educación y la asistencia a sectores vulnerables.
Muchos cuestionan la validez de un modelo así. “Es difícil aceptar que el Ministerio de Salud brasileño pague por cada uno de nosotros más de tres mil dólares al mes y solo recibamos novecientos”, opina a través de Facebook uno de los médicos ubicados en el estado de Bahía. Como el resto de sus compañeros, recibió la notificación de su regreso a Cuba antes “de que termine el año”, pero casi con seguridad intentará quedarse. 
“El presidente [Bolsonaro] ha dicho que nos concederá asilo político y facilitará la entrada de nuestros familiares. Uno no quisiera tener que dejar su país, pero nadie puede cuestionarnos por intentar darle el mejor uso posible al conocimiento que conseguimos con tanto esfuerzo”.
En el campo contrario se ubican aquellos que se preguntan hasta dónde llega el compromiso con su país de esos miles de profesionales formados gratuitamente. “Al final es su decisión, pero debieran recordar siempre que pudieron estudiar gracias al dinero que aportamos los cubanos que estamos en Cuba”, opinó una paciente en una clínica de Centro Habana.
Los sucesos relacionados con “Mais Medicos” han traído a la memoria de muchos el 'Cuban Medical Professional Parole Program', una iniciativa del gobierno de los Estados Unidos que durante cerca de diez años favoreció las deserciones de profesionales de salud de la isla. 
De ellos, cerca de 8.000 llegaron a suelo norteamericano hasta enero de 2017, cuando el presidente Barack Obama derogó el “Parole” en una de sus últimas órdenes ejecutivas.
“Expertos consultados por este diario creen que ahora Cuba enviará más médicos a los países árabes productores de petróleo, a Rusia, China y Vietnam”, especulaba hace pocos días El Nuevo Herald, vocero oficioso de la comunidad anticastrista radicada en Miami. Puede considerarse significativo que el anuncio de la retirada de los colaboradores en Brasil haya coincidido con el regreso del nuevo presidente cubano Miguel Díaz-Canel de una gira por las capitales de esos “aliados estratégicos”. 
 “La salida de los médicos estaba pensada desde el fin del gobierno de Dilma Roussef”, aseguraba en el mismo texto la coordinadora de una ONG opuesta al Gobierno cubano.
Cualquiera que sea el caso, ante el círculo decisorio de La Habana van haciéndose cada vez más evidentes dos verdades. 
La primera, que el escoramiento hacia la derecha de la política en el continente obliga a relanzar vínculos con aliados de otras regiones geográficas; la segunda, que sin inversión extranjera no será sostenible la economía productiva, y sin esta, el país vivirá siempre dependiendo de la buena voluntad de otros. 
Además, en el interior del país los costos de la “colaboración” resultan elevados: en ninguno de sus hospitales o clínicas a alguien se le ocurre pensar que Cuba sigue siendo una potencia médica. Para el relato oficial de la Revolución eso es ya demasiado.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Se cumplen seis décadas del triunfo de la revolución cubana el 1 de enero de 1959 / Carlos Alberto Montaner *

El primero de enero de 1959 Fulgencio Batista huyó de Cuba y se inició la revolución cubana. Hace seis décadas de esa fecha nefasta. Nos reunimos un grupo de muchachos. Yo tenía 15 años y era un chico flaco, esperanzado y políticamente analfabeto. 

Me sentí muy feliz. No sé cómo, dónde o por qué fuimos a ver, o nos encontramos, al abogado Óscar Gans. Había sido primer ministro de Carlos Prío, el último presidente constitucional cubano. Tenía fama de honrado e inteligente.

Gans escuchó con interés nuestra ilusionada algarabía y sólo atinó a decirnos una frase enigmática que no he olvidado: «Las revoluciones son como las grandes borracheras… el problema es la resaca». La resaca era la sensación de hastío, de hartazgo, de mala digestión, de «por qué me emborraché e ingerí esa mezcla absurda de alcoholes que hoy me hace sentir tan mal». La resaca es lo que en otras latitudes llaman el «ratón».

A los pocos meses entendí lo que Gans nos había querido transmitir. Comenzaba la resaca. Estábamos en manos de unos revolucionarios iluminados, guiados por consignas aprendidas en los cafetines, dispuestos a cambiar a punta de pistola las señas de identidad de una sociedad que tenía varios siglos de existencia. Un país que, hasta ese momento, a trancas y barrancas, había sido receptor neto de inmigrantes, el mejor índice que se conoce para medir la calidad de cualquier conglomerado humano.

Fidel, el Che, Raúl Castro, y unos cuantos tipos más, audaces e ignorantes, estaban decididos a liquidar una imperfecta democracia liberal, regida por una Constitución socialdemócrata, totalmente perfectible, y transformar ese Estado en una dictadura prosoviética sin propiedad privada, ni derechos humanos, y mucho menos separación e independencia de poderes. 

Simultáneamente, echaban sobre los hombros de los cubanos la responsabilidad de «enfrentarse al imperialismo yanqui» y transformar el planeta para imponer a sangre y fuego el «maravilloso» modelo social desovado por Moscú desde 1917.

Actuaron velozmente. A los 20 meses habían logrado el 90% de sus objetivos domésticos. En octubre de 1960 no existían vestigios de libertad de prensa. No había grupos políticos diferentes al «movimiento único» creado y sujeto férreamente por el Máximo Líder, de manera que, en su momento, les fue fácil llamarlo «Partido Comunista». 

No había escuelas ni universidades privadas. Tampoco había empresas medianas o grandes en poder de la «sociedad civil». Todas fueron asumidas por el Estado mediante un simple decreto. La dictadura totalitaria se había consumado, repito, en un 90%.

El 10% restante ocurrió el 13 de marzo de 1968. En esa fecha, Fidel Castro perpetró un larguísimo discurso en el que anunció la «ofensiva revolucionaria». Acabó con el «cuentapropismo» de entonces. De un plumazo se tragó casi sesenta mil microempresas y convirtió la isla en el país «más comunista del mundo». 

Para arreglar un paraguas, un par de zapatos o un ventilador había que dirigirse al Estado. Lógicamente, el desastre fue absoluto y la nación se convirtió en una escombrera. Los millares de valientes que se opusieron a ese destino fueron fusilados o encarcelados durante muchos años.

La locura revolucionaria

¿Cómo se llevó a cabo esa locura revolucionaria? Tres iluminados no son capaces de realizar una tarea de esa envergadura. Sencillo: metiéndoles la mano en el bolsillo a los probables adversarios. Primero, crearon una enorme clientela política regalándole «al pueblo» todo lo que no le pertenecía al Comandante. 

Rebajaron el 50% de los alquileres y del costo de la electricidad y los teléfonos. Dispusieron de la tierra como les dio la gana. Ellos sabían que la economía colapsaría como consecuencia de la manipulación de los precios, pero el objetivo no era conseguir la prosperidad, sino crear una legión de estómagos agradecidos a los que no tardarían en ajustarles las tuercas.

Mientras disponían de los bienes ajenos (y se quedaban con las mejores casas, autos y yates), les entregaron a los soviéticos los mecanismos represivos. Desde el principio la policía política y el corazón del Ministerio del Interior fueron asignados a los camaradas formados por el KGB. 

A las pocas semanas de instalados los Castro en la casa de gobierno comenzaron a llegar los siempre discretos «hermanos del campo socialista». A mediados de 1962 eran algo más de 40.000 asesores. Cuando se fueron los «bolos», como les llamaban irreverentemente en la isla, dejaron instalada la jaula. Dentro de ella se abrazaban millones de cubanos temerosos y obedientes. 

Sesenta años después los castristas saben que el «modelo cubano» es totalmente improductivo e inviable. Son unos negreros que viven de alquilar esclavos profesionales a los que les extraen una plusvalía del 80%. O policías que montan llave en mano la nueva dictadura, como han hecho en Venezuela. O viven de las remesas de los exiliados, de las dádivas de las iglesias, o de bañar en el mar y pasear turistas en contubernio con empresarios extranjeros a los que no les importa la catadura del socio local, siempre que les deje copiosos beneficios. 

Así son las resacas revolucionarias. Suelen ser muy largas y muy tristes.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Perciben un año 2019 "brillante" para el sector turístico en el Caribe

SAN JUAN.- El secretario general de la Organización Caribeña de Turismo (CTO, en inglés), Hugh Riley, afirmó hoy que el panorama para dicho sector para el año 2019 se ve "brillante", con un sentido "de optimismo, entusiasmo y mucha esperanza".

Según dijo Riley, ese optimismo se debe a que a pesar de la devastación que causaron varios huracanes sobre el Caribe en el año 2017, entre ellos, Irma y María, en el 2018 todo se revirtió.

"Estamos muy emocionados con nuestras expectativas, debido al increíble cambio que hemos visto en los destinos más golpeados por los ciclones", indicó.
Riley reafirmó su optimismo por el progreso en que países miembros y simpatizantes del CTO continúan progresando sin cesar, manteniendo el ímpetu que desarrollaron tras la temporada de huracanes en el 2017 para mantener firme el sector turístico de la zona.
Ante ello, Riley destacó la reconstrucción y la reapertura de alojamientos, mientras que los aeropuertos volvieron a operar de manera regular con el regreso de algunas aerolíneas a tiempo completo y los diversos servicios en los aeropuertos.
"Todo eso ayuda a que aumente la cantidad de visitantes viajando, mientras que los mensajes positivos y promociones en el mercado han activado a los destinos que no fueron afectados registrando un crecimiento continuo", afirmó Riley.
Riley dijo además que la demanda de turistas internacionales "es fuerte" y que los residentes del Caribe "continúan con su plan de búsqueda de explorar y disfrutar de los placeres de los países vecinos".
Sobre el sector de la llegada de barcos cruceros, el funcionario indicó que la mayoría de los puertos afectados por los huracanes ya fueron reparados y que el número de estas embarcaciones a la zona han regresado a la normalidad.
Riley detalló que la visita de barcos cruceros registró un crecimiento de 13,7 % desde mayo a septiembre y de 17,1 % en el tercer periodo de 2018.
Por ello, es que Riley afirmó que el panorama para dicho sector para el año 2019 se ve "brillante", por lo que esperan declarar el año entrante como "El año de los festivales" en el Caribe.
"Simplemente manifestado, la región cuenta con un ritmo que no se puede replicar en ninguna otra parte del mundo", resaltó.

Cuba registra un récord de 493.169 visitas de cubanoamericanos en 2018

LA HABANA.- Cuba ha recibido 493.169 visitas de cubanoamericanos en lo que va de 2018, una "cifra récord" frente a los 407.633 del año anterior, informó hoy el canciller del país caribeño, Bruno Rodríguez.

En total se registraron este año unos 567.553 viajes de cubanos residentes en el exterior, lo que representa un incremento aproximado del 20 % en relación al 2017, cuando llegaron 480.324 emigrados.
Este aumento "evidencia (la) continuidad de la política de fortalecimiento de los vínculos de Cuba con sus nacionales en el exterior", aseguró el ministro de Exteriores en su cuenta oficial de Twitter.
Más de 2,4 millones de cubanos residen fuera de la isla, la gran mayoría (84 %) en Estados Unidos y Canadá, y el resto en Europa (10 %) y Latinoamérica (5 %), entre otras regiones, de acuerdo a las últimas cifras oficiales disponibles, publicadas en octubre de 2017.
En EE.UU., el principal destino de la migración cubana, viven más de 1,1 millones de personas, de ellas más de un millón nacidas en la isla, indican datos de la Dirección de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior (DACCRE) de la Cancillería cubana.
Sin embargo, las cifras del censo de los Estados Unidos aseguran que en 2013 vivían en ese territorio más de dos millones de cubanoamericanos, números que incluyen también a los hijos de emigrantes.
En enero pasado, la prensa oficial cubana informó de que 819.749 cubanos residentes en la isla viajaron al exterior, muchos de ellos por primera vez, en los cinco años desde la entrada en vigor de la reforma migratoria de 2013, que entre otras cosas eliminó el permiso de salida que restringía la posibilidad de visitar el extranjero.
De ellos, el 11 % estableció su residencia permanente en otro país y pasó a tener estatus de emigrado.
En estos cinco años los isleños realizaron 2,65 millones de viajes al exterior, de los que más de 890.000 tuvieron como destino Estados Unidos.
Entre los estadounidenses, expatriados cubanos y turistas de otras nacionalidades que vuelan desde Estados Unidos, suman más de 1,6 millones de visitantes registrados hasta la primera quincena de diciembre, según datos difundidos este diciembre por el Ministerio de Turismo de Cuba (Mintur).
La isla ha recibido 605.416 visitantes estadounidenses en lo que va de año, la mayoría a bordo de cruceros, una modalidad en auge debido a las nuevas restricciones impuestas por el Gobierno de Estados Unidos, cuyos ciudadanos no pueden viajar como turistas a Cuba ni alojarse en una larga lista de hoteles vinculados al sector militar.
La nueva administración del presidente Donald Trump también suspendió los servicios consulares y la expedición de visas a cubanos tras el retiro del 60 % del personal de la embajada de EE.UU. en Cuba debido a los misteriosos incidentes de salud sufridos por diplomáticos estadounidenses en la isla.

La "batalla económica" de la Revolución Cubana: adaptarse o perecer

LA HABANA.- De una gestión completamente estatal a la gradual apertura hacia la inversión extranjera y el impulso al emergente sector privado, los cambios en la política económica en la isla sirven para ilustrar el complejo recorrido de la Revolución Cubana, que ya entra en su sexta década de existencia.

El único país comunista de América Latina ha tenido que aprender a sortear escollos, primero políticos y luego principalmente económicos, y flexibilizar la mayoría de sus férreas posturas iniciales para mantenerse a flote sin "volver al capitalismo".

La "batalla económica" es hoy prioridad para la nación caribeña, sobre la que se cierne el fantasma de la recesión, reaparecido en 2017 por primera vez en 23 años.
Empeñado en resucitar una economía frágil, que se tambalea entre la insuficiente liquidez, el embargo estadounidense, la falta de autonomía y la corrupción interna, el hoy expresidente Raúl Castro impulsó a poco de su llegada al poder en 2008 una serie de reformas pensadas para "actualizar" el modelo centralizado de la isla.
Su hermano, el fallecido Fidel Castro (1926-2016), nacionalizó las industrias de propiedad extranjera y borró completamente la actividad privada del país en la primera de las más de cinco décadas que se mantuvo en el poder, tras el triunfo revolucionario de 1959.
Durante esos años Cuba centralizó su economía, adoptó el sistema de la empresa estatal socialista y se lanzó a cumplir planes quinquenales, lastrada por errores de previsión y la excesiva burocracia.
El "cuentapropismo" reapareció tímidamente en 1978 para luego regresar de forma definitiva tras el colapso de la Unión Soviética a principios de 1990, un antes y un después para Cuba, que dependía casi enteramente de los productos subsidiados enviados por el gigante comunista.
Para la Revolución Cubana significó el despertar a una nueva era, en la que había que adaptarse para no perecer.
En medio de la crisis, bautizada por Fidel Castro como "periodo especial en tiempo de guerra", Cuba abrió su maltrecha economía a la inversión extranjera y despenalizó el uso del dólar.
También amplió las modalidades en el sector privado, estigmatizado aún por no "aportar a la construcción del socialismo" y en su lugar contribuir al "enriquecimiento personal".
El impulso definitivo vino durante el mandato de Raúl Castro (2008-2018), que promovió reformas para dar un respiro a las arcas cubanas y "desinflar" las abultadas plantillas estatales.
El pequeño de los Castro también derogó en 2008 prohibiciones de décadas, como las que impedían a los cubanos alojarse en sus propios hoteles, comprar teléfonos celulares, computadoras y tener líneas móviles a su nombre, además de iniciar en 2015 la aún insuficiente apertura de internet en Cuba.
Impensable en las décadas de los 70 y 80, hoy trabajan en el país 1,3 millones de autónomos - de 4.474.800 cubanos empleados-, responsables en gran medida del cambio en la geografía de la isla, donde casi cada semana surge un negocio privado diseñado para cubrir los vacíos dejados por el Estado.
De ofrecer cortes de pelo en portales y cocinar modestas comidas en sus propias casas a un límite de 12 clientes, los cubanos han pasado a regentar "spa" y salones de belleza, y administrar "paladares" o restaurantes privados cubanos que han desbancado por su calidad la oferta estatal, más escasa y menos especializada.
Los emprendimientos cubanos cada vez son más variados y van desde peluquerías para mascotas, pequeños hoteles boutique, servicios de decoración personalizada de eventos, directorios y mapas en línea, hasta bares cosmopolitas que rivalizan con cualquier establecimiento de Nueva York o Madrid.
Al cierre de 2018, más de 588.000 isleños poseían licencias para el trabajo por cuenta propia, cifra que representa el 13 % de la población activa del país y casi cuadruplica los 157.000 de 2010, a pesar del freno de más de un año y medio a la concesión de nuevos permisos.
La regulación del sector privado estuvo entre las primeras medidas del nuevo Gobierno de Miguel Díaz-Canel, el primer presidente que no lleva apellido Castro en 60 años de Revolución, tras su llegada al poder en abril pasado.
El malestar entre los "cuentapropistas" cubanos hizo que el Gobierno diera un paso atrás y suavizara su posición en el último momento, reconociendo el poder del sector emergente en el destino económico del país.
"Los trabajadores por cuenta propia no son enemigos de la Revolución, son resultado del proceso de actualización, y han resuelto problemas que recargaban al Estado. Su funcionamiento tiene que ser fruto de la legalidad, contamos con ellos para impulsar la economía. Hay que eliminar los prejuicios, la desconfianza y la inseguridad", pidió recientemente Díaz-Canel a la Asamblea Nacional.
En la misma sesión del 22 de diciembre pasado, el Parlamento cubano aprobó el borrador final de la nueva Constitución cubana, que por primera vez reconoce "otras formas de propiedad como la cooperativa, la propiedad mixta y la propiedad privada".
De ser ratificada la nueva Carta Magna en el referendo de febrero próximo, esta inclusión representará un importante cambio respecto al texto vigente de 1976 que solo reconoce la propiedad estatal y la cooperativa agropecuaria.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Cuba repasa la puesta en marcha de acuerdos y negocios con el secretario de Comercio de Francia

LA HABANA.- El vicepresidente cubano, Ricardo Cabrisas, y el secretario de Estado del Comercio Exterior y el Turismo de Francia, Jean-Baptiste Lemoyne, repasaron en La Habana la marcha de los acuerdos suscritos entre ambos Gobiernos y los negocios en ejecución entre empresas de la isla y el país europeo.

Medios estatales cubanos publican hoy que el encuentro entre Cabrisas y Lemoyne es parte del programa del secretario francés, que participa en la III Sesión de la Comisión Económica y Comercial y del Comité de Orientación Estratégica del Fondo de Contravalor entre Cuba y Francia.
El vicepresidente cubano y el secretario del Gobierno francés intercambiaron opiniones sobre los antecedentes de las relaciones económicas bilaterales y las perspectivas que existen para continuar fortaleciéndolas, precisa un reporte de la estatal Agencia Cubana de Noticias (ACN).
Cabrisas resaltó la importancia de celebrar periódicamente estos encuentros bilaterales a nivel gubernamental, así como de impulsar la participación de empresas francesas en negocios de inversión extranjera en Cuba.
El pasado octubre, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, al inicio de una gira por Rusia y Asia hizo una parada en Francia donde fue recibido por el primer ministro, Édouard Philippe, quien le transmitió la voluntad del país europeo de intensificar las relaciones políticas, económicas y culturales.
Una visita del ministro galo de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, el primer representante de un Estado europeo en viajar a la isla tras la llegada a la presidencia de Díaz-Canel en abril pasado, había señalado el propósito de fortalecer la ya "positiva" relación bilateral.
Francia es uno de los principales emisores de turistas a Cuba y en los últimos años es uno de los miembros de la Unión Europea que se ha posicionado con fuerza en Cuba, con la ejecución de obras de hostelería y grandes proyectos en la isla en diversas áreas económicas.
En noviembre pasado, Cuba y la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) acordaron en La Habana un convenio para desarrollar un proyecto por un valor de 20 millones de euros (22,6 millones de dólares) con el fin de mejorar la calidad de los servicios de agua y saneamiento del país.
A ello se suma el proyecto de ampliación del aeropuerto internacional de La Habana, a cargo de la empresa francesa Bouygues, que además situará a Aéroports de París en la futura gestión de esa infraestructura, mientras otra inversión gala por un monto de unos 40 millones de euros (46,7 millones de dólares) se dedicará a actualizar la deteriorada red de ferrocarriles en Cuba.

Cuba aprueba el texto final de su nueva Constitución y se prepara para el referendo

LA HABANA.- En una votación unánime, el Parlamento cubano aprobó hoy el borrador final de la nueva Constitución de la isla, que se prepara ahora para el referendo popular del próximo 24 de febrero, en medio de la polémica levantada en redes sociales por detractores del nuevo texto.

Los 583 diputados reunidos en el segundo y último pleno del año de la Asamblea Nacional respaldaron, uno a uno, el texto que debe sustituir la Carta Magna vigente (1976) y que mantiene al gobernante Partido Comunista (PCC, único) como "fuerza dirigente superior de la sociedad" y el comunismo como aspiración.
"La Ley fundamental que acabamos de aprobar reafirma el rumbo socialista de la Revolución" y garantiza "una mayor inclusión, justicia e igualdad social", aseguró el presidente cubano Miguel Díaz-Canel.
En su primer resumen del año ante el Parlamento desde que llegara al poder en abril pasado, Díaz-Canel recordó el proceso de consulta popular en el que participaron casi nueve millones de cubanos y que incluyó por primera vez a los emigrados.
Tanto el primer borrador del proyecto como el aprobado hoy tras incorporar algunas de las propuestas de la ciudadanía fueron elaborados por una comisión liderada por el expresidente y primer secretario del PCC, Raúl Castro.
En esencia, la nueva Constitución no modifica el sistema político de la isla pero sí busca plasmar la controlada apertura económica y las reformas impulsadas durante los dos mandatos del general Castro (2008-2018) en un intento por fortalecer la debilitada economía del país.
El primer presidente del poscastrismo en Cuba, por su parte, insistió en que este proceso es muestra "del empoderamiento del pueblo en el Gobierno de la nación".
Díaz-Canel llamó a los cubanos a dar el "Sí a la Revolución" en el referendo constitucional del próximo 24 de febrero, en el que los cubanos deberán responder a la pregunta de "¿Ratifica usted la nueva Constitución de la República?", adelantó el presidente de la Asamblea, Esteban Lazo.
El pleno de este sábado puso fin a casi una semana de debates en el Parlamento cubano, a los que no tuvo acceso la prensa extranjera y que fueron trasmitidos con un diferido de más de dos horas por la televisión estatal.
Los parlamentarios se centraron principalmente en los artículos más discutidos del proyecto constitucional, cuyo primer borrador fue modificado en un 60 % tras la consulta.
La nueva Constitución cubana quedó conformada por 229 artículos, 11 títulos, dos disposiciones especiales, 13 transitorias y dos finales.
La versión revisada vuelve a incluir el término "comunismo" eliminado del borrador inicial y restituido después de que más de 1.800 cubanos lo solicitaran.
La nueva Carta Magna instituye las figuras del presidente de la República y el primer ministro, además de reconocer la propiedad privada y la necesidad de la inversión extranjera para el desarrollo económico del país.
Los diputados también aprobaron un artículo que dispone que "los medios de comunicación fundamentales no pueden ser objeto de ningún otro tipo de propiedad que no sea la socialista de todo el pueblo"
En uno de sus giros más polémicos, la Comisión Constitucional eliminó el controvertido artículo que abría la puerta al matrimonio gay en la isla y aplazó la discusión al menos dos años, cuando deberá quedar redactado un nuevo Código de Familia, que también se someterá a referendo.
La Asamblea decidió "respetar todas las opiniones" en un tema que dividió al país y enfrentó en bandos contrarios a la comunidad LGTBI y varias iglesias de la isla, sobre todo la católica y la evangelista.
Mariela Castro, hija del expresidente Raúl Castro y una de las caras más visibles del activismo LGTBI cubano, defendió la modificación y aseguró que "los derechos de todas las personas quedan blindados en el nuevo texto constitucional".
La sexóloga protagonizó el momento emotivo de la sesión, cuando - en un gesto inédito en este ámbito- felicitó y abrazó a su padre, quien contuvo las lágrimas al recordar a su fallecida esposa Vilma Espín, una de las principales luchadoras por la emancipación de la mujer en la Cuba revolucionaria.
"Ante las campañas saboteadoras que está haciendo la contrarrevolución en las redes sociales, promoviendo el No, tenemos el deber de hacer una buena y rigurosa campaña para informar al pueblo y al mundo. (...) Cuba necesita esta Constitución", aseguró Mariela Castro.
El borrador final de la nueva Carta Magna ha enfrentado a simpatizantes y detractores en las redes sociales, sobre todo en Twitter, donde se extiende la etiqueta #YoVotoNo en publicaciones que piden rechazar un texto que "no contiene mejoras" y vuelve al país "a lo antiguo".

viernes, 21 de diciembre de 2018

Cuba restituye en su Constitución el destino comunista de su sociedad

LA HABANA.- Cuba restituyó en el proyecto de nueva Constitución el destino comunista de su sociedad, suprimido en la versión inicial del texto que fue sometido a discusión popular, despejando dudas y suspicacias.

El documento, que ratifica al Partido Comunista (PCC) como "único" y "fuerza política dirigente superior de la sociedad y el Estado", agrega que esa organización "orienta los esfuerzos comunes en la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista".
La explicación fue ofrecida por el secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta, también coordinador de la comisión de redacción ante el plenario de la Asamblea Nacional (Parlamento), que debatió el viernes el proyecto, que será llevado a referendo popular el 24 de febrero.
Esa nueva Carta Magna reconoce al mercado en su economía, pero pone en espera al matrimonio homosexual.
En la sala, y en su calidad de diputado, participó el expresidente Raúl Castro, quien se mantiene como primer secretario del gobernante Partido Comunista.
Los 560 diputados presentes examinaron en la mañana los resultados económicos de 2018 y los planes para 2019.
La reunión parlamentaria ocurre en un contexto difícil: escasez de harina y huevos, empeoramiento del transporte urbano y carestía de la vida.
El ministro de Economía, Alejandro Gil, destacó que Cuba trabaja en su desarrollo económico en "un complejo escenario", marcado por el "recrudecimiento del bloqueo (embargo) de Estados Unidos", que le cuesta al día "12 millones de dólares".
Gil precisó que la economía cubana creció 1,2% en 2018, por debajo del 2% previsto, debido, además del embargo vigente desde 1962, a un enlentecimiento de las exportaciones, de la industria azucarera, el turismo y la agricultura. El crecimiento estimado para 2019 es de 1%.
"Otra vez este desempeño contrasta con una realidad que se sigue pareciendo más a una recesión", dijo el economista Pavel Vidal en un reciente artículo difundido por las redes.
Gil también admitió que Cuba no tendrá la capacidad para honrar todos sus compromisos de deuda en 2019, debido a complicaciones económicas internas, y que establecerá "un nivel de prioridad".
Cuba ha logrado renegociar exitosamente gran parte de su deuda externa, principalmente con el club de París. Actualmente la Unión Europea es su mayor socio comercial.
Como parte de las reformas económicas en curso, Cuba espera reconocer en su nueva Constitución el papel del mercado, la propiedad privada y la inversión extranjera sin renunciar al socialismo.
Acostumbrados a la unanimidad política durante medio siglo, los cubanos hicieron más de 783.000 propuestas de modificación al texto aprobado por el Parlamento en julio y sometido a debate popular entre agosto y noviembre.
Es un hecho inédito: los ciudadanos empujaron la modificación del proyecto, santificado por el PCC y redactado por una comisión parlamentaria liderada por Castro y su sucesor Díaz-Canel. Del total de 224 artículos propuestos, se modifican 134 y se eliminan tres, pero se suman otros.
El artículo más polémico y debatido fue el 68, que allanaba el terreno para el matrimonio homosexual.
La Comisión decidió dejar fuera del borrador el concepto de matrimonio como "unión entre dos personas" que iba a reemplazar el vigente en la Carta Magna de 1976, "unión entre un hombre y una mujer".
Tras escuchar a los ciudadanos, en su mayoría contrarios a ese cambio, se estableció ahora en el artículo 82, el matrimonio "como una institución social y jurídica", dejando en manos del Código de Familia los demás detalles, que además deberán someterse a referendo en un máximo dos años.
A su vez, introduce el nuevo concepto de "las familias”, que engloba todo tipo de unión matrimonial o no y "establece el derecho de las personas de formar una familia cualquiera que sea su forma de organización".
Otro artículo que encontró oposición es el que limita el mandato presidencial a dos períodos de cinco años, en caso de reelección, y una edad máxima de 60 años para iniciar el mandato.
Fidel Castro fue presidente de los Consejos de Estado y de Ministros entre 1976 y 2008. Su hermano Raúl, lo fue desde 2008 a 2018, y fue quien propuso limitar el período.
Sin embargo, buen número de opiniones recogidas apuntaron a permitir la reelección mientras el candidato tuviera apoyo popular, sin límite de edad, y 12.000 personas pidieron la elección presidencial directa y no indirecta (por el Parlamento), como es en Cuba desde 1976.
La elección del gobernante se mantiene tal cual, es decir, es elegido por el Parlamento, pero será presidente de la República, por dos períodos de cinco años, si es reelecto. Se creará además la figura del primer ministro.
La discusión del proyecto constitucional continuará el sábado.