El Comandante en Jefe Fidel Castro
convirtió a Cuba en la meca mundial de la Revolución, por ello
peregrinos de todos los continentes y países acudieron a La Habana a
rendirle homenaje en su descanso como soldado de la patria.
Así lo patentizaron los líderes africanos Sam Nujoma, Jacob Zuma, Hage
Geingob, Robert Mugabe, y latinoamericanos como Daniel Ortega, Nicolás
Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Salvador Sánchez Cerén con las
experiencias revolucionarias en sus países.
Igualmente más de
medio centenar de delegaciones de todos los continentes estuvieron
presentes anoche en la histórica Plaza de la Revolución, en La Habana.
Hasta allí llegaron también cientos de representantes de los pueblos de
África, Asia, América Latina y Europa, incluidos médicos y maestros,
científicos y técnicos, formados en Cuba como expresión del
internacionalismo que Fidel inculcó con tanto amor.
El
cementerio Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, donde reposarán sus
cenizas junto a los restos del Maestro, José Martí, el autor intelectual
del asalto al Cuartel Moncada que dio inicio a la lucha revolucionaria,
será lugar de peregrinaje obligado de ahora en adelante para todos los
revolucionarios del mundo.
Su estatura política, que ya en vida
era de gigante, se acrecienta para demostrar que su muerte no es cierta
porque las ideas son imperecederas, y siempre estará al frente de la
Revolución y del pueblo como su glorioso, invencible e invicto
Comandante en Jefe.
Quien ilusoriamente y con perversa intención
crea o proclame que ha muerto se equivoca de plano. Hombres como él son
inmortales, inmoribles como dijo la intelectual argentina Stella
Calloni.
Nada ni nadie podrá reducirlo a una tumba, o a un
monumento, porque ni siquiera un movimiento telúrico político de máxima
intensidad ni toneladas de mentiras de sus enemigos podrán sepultarlo.
Fidel es eterno y vivirá siempre en el corazón de todos los hombres y
mujeres buenos y honestos en el mundo, y su concepto de Revolución, que
millones de cubanos a lo largo y ancho del país acaban de suscribir como
compromiso moral personal y colectivo, trascenderá hasta la vida misma
del ser humano y su obra por los siglos de los siglos.